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TEMA 7: LA LUNA Y EL SOL

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Erase una vez un grupo de animales que vivía
apaciblemente en una granja. Todas las mañanas,
el gallo anunciaba el amanecer y los animales comenzaban
sus tareas diarias.
Un día, el perro guardián le dijo al gallo:
–¡Qué bonita estaba la Luna anoche! ¡Qué luz!
–¡Bah! No hay nada como la luz dorada del Sol –contestó
el gallo.
–¿Qué dices? La luz plateada de la Luna es mucho más
hermosa –exclamó indignado el perro.
Y así, el perro y el gallo se enzarzaron en una discusión
que atrajo al resto de los animales. Enseguida, todos
empezaron a opinar.
–El Sol hace que crezca esta exquisita hierba –dijo
la oveja.
–Sin la Luna, mis paseos nocturnos no serían lo mismo
–intervino el gato.
–Si no apareciese la Luna, yo no podría descansar
–añadió la vaca.
Los animales siguieron discutiendo. Sus gritos podían
oírse en varios kilómetros a la redonda.
Desde el cielo, el Sol lo observaba todo. Muy preocupado,
se fue a hablar con la Luna.
–Tenemos que hacer comprender a los animales que
tanto tú como yo somos igual de necesarios –dijo el Sol–.
Además, se están peleando entre ellos… ¡Eso no puede ser!
Y los dos astros idearon un plan.
Al día siguiente, cuando amaneció, el gallo lanzó su
potente quiquiriquí y los animales, enfurruñados los unos
con los otros, comenzaron a trabajar. Pero, de repente, el Sol
se situó detrás de la Luna y todo se puso muy oscuro.
¡Parecía que se hacía de noche en pleno día! Los animales
se asustaron mucho.
Después de un buen rato, el Sol apareció de nuevo y los
animales se tranquilizaron. Entonces, el gallo, lleno de
entusiasmo, dijo:
–¡Ay! ¡Qué sería de nosotros sin el Sol!
En esta ocasión, nadie discutió, todos estuvieron de
acuerdo con esas palabras y volvieron a sus quehaceres.
Pasaron horas y horas trabajando, hasta que no pudieron
más. Estaban agotados. No entendían por qué la jornada
era tan larga. ¡Parecía que el día no iba a acabar nunca!
Deseaban con todas sus fuerzas que la Luna saliese y llegase
la noche. Pero la Luna no salía…
El Sol y la Luna pensaron que ya era hora de volver
a la normalidad. Así que, poco a poco, el Sol empezó a
desaparecer por el horizonte y,muy lentamente, la Luna
se dejó ver.
Todos los presentes respiraron aliviados. ¡Qué importante
era tener también a la Luna! Por fin, los animales se
retiraron a descansar; todos salvo el perro guardián y el gato,
que desde la medianoche hasta el amanecer estuvieron
contemplando tranquilamente la Luna.

 

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